11 Comentarios

  1. matilde yagues garcia
    | Responder

    yo estoy con una orden de alejamiento de la que fue mi pareja.
    al princio,el se la saltaba y me hacia la vida imposible,pero ahora llevo una temporada que no se nada de el y empiezo a echarle de menos y a veces,hasta me gustaría saltarme la orden para saber como esta y hablar con el. Yo ya tengo antecedentes de dependencia emocional y creo que esta vez se esta repitiendo. tu que opinas? te agradecería mucho tu respuesta. gracias

    • Silvia Rodriguez
      | Responder

      Buenas Matilde!

      Tu caso en principio, parece de dependencia emocional, pero son muy pocos datos los que tengo como para afirmarlo. No sé de donde eres o si te es posible un contacto para profundizar. Lo que sí tengo que aconsejarte es que no rompas las medidas judiciales, además… tú sabes las consecuencias, lo que podría pasar de un solo contacto, y realmente lo que imaginas de esa «cita» no se va a cumplir, no es real. Ahora tienes que tener fortaleza para pensar un poco más en tu bienestar

      Un fuerte abrazo

  2. angel
    | Responder

    QUIERO QUE LEAS EL CORREO, ME PARECE INTERESANTE Y A MI ME HACE PENSAR MUCHAS COSAS Y REPLANTEARME OTRAS.

    • Silvia Rodriguez
      | Responder

      Hola Angel!!
      Lo siento pero no he recibido ningún correo tuyo

      Un saludo

  3. simone
    | Responder

    hola es la primera ves que algo tuyo me gusto la explicacion y menos mal no me siento indentificada jejeje,pero mi pareja es asi mismo como haz descrito ahi,sus demostracion de cariño es tanta que a veces me agobias y cuando no soy cariñosa lo suficiente con el,ya me cobra; enfim…me ha gusto tu articulo,un saludo.

    • Silvia Rodriguez
      | Responder

      Muchas gracias por tu comentario Simone. Comentarte que la dependencia emocional no es exclusiva de las mujeres, cierto es que, gran numero son del sexo femenino, pero también hay un porcentaje de hombres que la padecen.
      Un abrazo

  4. Eduardo
    | Responder

    hola, en verdad si que estoy en este tipico cuadro de dependencia emicional , no se como ocurrio al principio no sentia esto, solo que fue creciendo poco a poco, a la par del amor que nos sentiamos los dos pero a pasado un tiempo en que ya ha dejado de amarme, y esa separacion ha hecho que explote esta dependencia que cada 10 minutos o 5 pienso y sigo deprimiendome, me gustaria saber como hago para saccarme esto de mi mente, quiero ser libre pero estoy encadenado.

    • Silvia Rodriguez
      | Responder

      Hola Eduardo!
      Gracias por tu participación. Entiendo lo molesto que es el momento por el que estás pasando, no es fácil, pero tampoco existe un consejo mágico, es una suma de circunstancias que se debería tratar con cautela.
      Un saludo
      Silvia

  5. laura
    | Responder

    Vengo de una familia aparentemente normal, pero que me ha hecho sentir siempre invisible y culpable, incluso en la edad adulta (me refiero a mi madre, sobre todo).
    Me case, enamorada, con el primer hombre que parecía estar loco por mí, porque jamás había creido que iba a merecer algo así. Con el poco amor que me dio me resulto suficiente durante muchos años: veintitantos; después me divorcié.
    Después de varios años en que no faltaron relaciones masoquistas, otras más normales, conoci a mi príncipe azul. Puede que influyera el hecho de estar necesitada de afecto…mi madre me había vuelto a decepcionar….
    El había terminado hacía poco tiempo un matrimonio que hacía aguas desde mucho tiempo atrás, había sufrido maltrato por parte de su mujer, cosa fácil de comprobar porque ella le acosaba, insultaba, etc… telefónicamente. Creo que también lo sufrio en la infancia, pero no lo veía.
    Fue conocerme y caer rendido ante mí, tan diferente a su ex. Me adoraba, era atractivo, detallista…y con algún detalle a veces «extraño», y yo estaba loca por el. Durante tres años estuvimos en una nube, aunque jamás era completamente feliz porque había caído en la espiral del paro y porque la relación con sus hijos era nula ya que su madre los había puesto en contra: el tampoco lo había manejado bien, intentando que me aceptaran a la fuerza.
    Muchas veces me sentí muy celosa porque tenía la sensación de que era poco para él: solía comentar en forma de broma que siempre pensó ligar con mujeres más jóvenes cuando se divorciara y en cambio estaba conmigo que era un poco mayor que él y le gustaba llamarme «abuelita», lo que yo odiaba y me costó trabajo quitárselo. Otras veces tenía la sensación de que no escuchaba lo que decía porque a veces me comentaba, como un descubrimiento, cosas que yo le había dicho sobre hacer una cosa u otra de cierta manera, y él no recordaba que yo le hubiera dicho nada. Se ocupaba de la casa, para sentirse útil y equilibrar la balanza ya que yo trabajaba, lo que no le satisfacía demasiado pero buscando mi aprobación en todo, y sin que yo hiciera nada, porque decía que si no, no iba a sentirse útil.
    O si yo hacía una sugerencia que no le gustaba, daba la vuelta a lo que le había dicho.
    Esas cosas a mí me producían un gran disgusto, y siempre venía a disculparse.
    Después de esos tres años, un día, decidió que debíamos casarnos. Acababa de morir mi madre, él la había tratado como un hijo, aunque jamás entendió que yo no sintiera un excesivo apego por ella: pensaba que yo exageraba.
    La razón que dio para la boda fue que en aquella circunstancia, en que tuvo mucho trato con mi familia, no se había sentido cómodo en el papel de «ligue» y… que así, casados, nos respetarían sus hijos. Yo le respondí que mejor sería ganarnos el respeto de sus hijos y después la boda, y que a mí me gustaría casarme cuando alguien lo quisiera hacer por unirse a mí, pero dos días después apareció con la información del juzgado, las fechas libres y todo proyectado. Me opuse pero terminé cediendo por no quitarle la ilusión: al final lo que contaron, fueron momentos de ilusión intercalados con el miedo al rechazo de sus hijos a venir, a que su ex armara alguna… a que si había sido demasiado rápida y hubiéramos tenido que invitar a mas gente, y que estuvo bien, todos formales… pero no sirvió para unirnos como el pensaba.
    Hicimos nuestro viaje de novios y a la vuelta algo se había roto: puede que fuera lo normal después de un tiempo de convivencia, pero al mismo tiempo que me necesitaba cada vez más, ciertas costumbres intimas habían perdido valor para él, y el hecho de que fuera después de casarnos me resultaba, llamémoslo chocante.
    Las cosas no fueron fáciles después: abogados por la herencia de mi madre, ya que estaba todo liado…siguieron las relaciones difíciles con sus hijos. Y para completar el panorama, yo, que siempre lo había dicho desde que nos conocíamos, decidí vender mi piso; se marchaban los que vivian alquilados y yo no quería vivir allí. El insistió: el piso era bueno, no sabes a quien vas a meter…lo arreglarem os. Terminé diciendo que si. Otra vez. Lo decoram os, él puso mucha ilusión pero a mi se me revolvía todo cuando me acostaba y recordaba que donde él dormía había dormido antes mi ex, o que donde se sentaba en el sofá, antes había estado el otro.
    así que le dije que no estaba a gusto y lo puse en venta, y ahí terminó de fastidiarse todo. No al principio, porque él, prudentemente dijo que era cosa mía, pero cuando le dijeron que su firma era necesaria porque el contaba al vivir allí, fue convirtiéndose en protagonista, tomando decisiones sin mala voluntad, pero equivocadas, porque lo que no dejas escrito no se cumple….cosa que le advertí.
    Total, que nos cambiamos a una casa porque le hacía ilusión a él, ya que teníamos más sitio para si venían sus hijos, jardín para hacer barbacoas y celebrar cumpleaños…cuando mi idea era coger algo pequeño y con el dinero que nos restara vivir mejor…pero no insistí bastante, y aparecimos agotados y helados por no dejar las fechas escritas para trasladarnos.
    Teníamos obras previstas, pero todo era demasiado lento para él: se obsesionaba con todo lo que había que hacer pero al mismo tiempo se le ocurrían nuevas ideas que quería poner en marcha. Tan preocupado por todo que ya no era capaz de salir a dar un paseo ni hacer otra cosa que no fuera…la casa, la casa, la casa…Siempre estaba agotado, cabreado porque sus hijos pasaban del tema y nuestra vida sexual había bajado a cotas alarmantes. Y cada vez controlaba más: él haciendo más cosas, yo acompañándole, pero tomando todas las decisiones él, aunque decía que no, que me lo consultaba todo…y era verdad: yo le solía decir a casi todo que sí, para no estresarle más y lo poco que me importaba hacer a mi modo ni lo respetaba,
    Las obras…o sus manía s de liarse se alargaron dos años: abandonamos casi toda nuestra vida social. Controlaba todo: ya no era solo el amo de casa, ahora era también el amo del jardín, el que decía como se regaba, etc y aunque yo no obedeciera siempre, parecía que todo lo suyo sentaba catedra. Llegué a sentirme como una extraña, llegaba, me sentaba y esperaba a que él terminara de hacer la comida para sentarme a la mesa del salón,
    No se había acabado el amor, pero discutíamos, estábamos cansados y no disfrutábamos. El tema del siquiatra no estaba hecho para él.
    El último año, mi hija enfermó gravemente en el extranjero: él no dudó ni un momento en acompañarme, pero no estuvo acertado. Mientras yo tenía una hija en un estado lamentable, casi un cadáver, tenía que estar preocupándome por llevarle a conocer los sitios de moda para que no se aburriese, oírle preguntarme cada cinco minutos si íbamos bien en esa dirección (yo me oriento mejor que él), seguir oyéndole si no pasaría nada en casa, si no entraría nadie, si su hijo iría a dar una vuelta y cerraría todo, etc, etc…
    Yo, que le había dicho que la cosa iba a ser para largo pero que jamás le dejaría solo, le siguiente vez le dije muy claro que mejor n o fuera. Pasó todos mis viajes metido casi todo el tiempo en la maldita casa, mandándome mensajes, fotos, molestandose si no le contestaba enseguida y diciéndome lo que me amaba y lo felices que seríamos cuando todo pasara y pudiéramos estar todo el tiempo juntos. Ahí, ya no aguante más… no me imaginaba los próximos 20 años como una muñeca; eso y que al salir de un tratamiento especialmente duro, imaginara el dolor de él, solo, le llamara y no fuera capaz de soltar el rodillo con el que estaba pintando no se que cosa, porque le quedaba poco y se le secaba…..ya fue el fin.
    Todavía no ha entendido nada: cuando yo intento explicarle que no soy una niña, que soy su compañera…contesta que cualquier mujer estaría loca de felicidad porque la trataran como una reina, con un marido que es un mayordomo, un jardinero,,,etc y hasta me quita las botas cuando llego a casa.
    ¡Dios, a ver si algún día cambio y dejo de elegir parejas así!

    • Silvia Rodriguez
      | Responder

      Gracias Laura por contarnos tu historia personal, es impresionante. Espero que al fin hayas hecho tu aprendizaje y no se repita el perfil.
      Un abrazo
      Silvia

  6. laura
    | Responder

    Si alguien me lee, siento ser tan …pesada.
    Estoy divorciada, aunque si nos encontramos no soporto que me diga nada cariñoso…rompo a llorar en mitad de la calle. Jamás volvería con él, aunque quiere que seamos amigos, echar un quiqui cuando nos apetezca…buscar ligues, ya los busca, e incluso antes de marchar de casa me enseñaba los correos en prueba de am istad. GILIPOLLAS, DIRÍA YO.

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