La psicología es la ciencia que estudia todos los aspectos complejos del funcionamiento psíquico humano: el aprendizaje, las emociones, el pensamiento y  los posibles factores influyentes de origen externo e interno en el comportamiento humano.

El cometido de la psicología es tan amplio que es improbable que un solo profesional pueda abarcar profundamente todas las áreas en los conocimientos teóricos y adquirir un manejo aceptable de todas las técnicas. Hoy en día se recomienda la especialización en un área de conocimiento reducido y llegar a hacerlo profundamente.

En mi caso, llevo conmigo largos años de formación académica y extra académica en el campo de los trastornos de personalidad. Mi interés por la personalidad y sus desajustes viene motivada por el hecho de que representan el pilar de muchos de los desórdenes que se sufren a lo largo del ciclo vital en el ámbito laboralafectivorelacional y emocional.

Al tratarse de patrones fijos de respuestas que se comienzan a instaurar en cada uno de nosotros en la infancia, estarán totalmente asentados de forma estable en el comienzo de la edad adulta.

A este respecto, la carga genética de cada individuo tiene un gran papel y no sólo las experiencias que hemos vivido. De ahí la individualidad, y cómo esta condiciona la forma en la que nos influyen las experiencias.

Especialista en dependencia emocional

A medida que profundicé en el estudio de los trastornos de personalidad hubo dos que me interesaron especialmente: el trastorno límite de la personalidad y el trastorno narcisista de la personalidad. A éste último he dedicado mis últimos años de estudio.

Como profesional de la psicología he tenido la gran suerte de no limitarme al estudio teórico, a través de cursos y libros, sino que una parte muy importante de mi tiempo se ha dedicado al análisis de campo de estas personalidades en su propio ambiente. En entornos donde no se sienten observados o analizados, sino en situaciones naturales en los que su personalidad no se muestra sesgada.

En esa situación el narcisista o el psicópata se muestra tal y como es, sin tapujos. No puedo decir que las experiencias hayan sido agradables, pero sí que he podido obtener un gran conocimiento de ellas.

Pero mi viaje por la psicología no termina aquí. A medida que voy tratando con sus víctimas, me doy cuenta de que las personas afectadas por este trastorno (o así lo quiero creer) quizá no se hayan planteado la magnitud  de las consecuencias que tienen sus actos y las afecciones que padecen aquellos que han formado o forman parte de su entorno, sea en el plano que sea. Estas personas, auténticos depredadores, viven desorientadas sobre el dolor que causan, no suelen tener recursos a los que dirigirse e incluso una vez que detectan el “gran mal” el origen de su aflicción, pocos pueden entender el porqué de sus decisiones desacertadas y sobretodo acompañar en el camino de la recuperación.

Todo esto es lo que me condujo a entender que si una persona con un trastorno de personalidad tiene unas pautas dañinas y tóxicas de relacionarse con los demás, quizá la persona que le quiere o tolera esa forma de comportamiento dañino también las haya adquirido en alguna etapa de su vida. Este aprendizaje motivó mi inquietud profesional, para investigar más a fondo la conducta de estos dos patrones de personalidad complementarios.

 

La violencia machista

El número de muertes y de víctimas de violencia machista continúa siendo terriblemente elevado, a pesar de que las políticas para combatirlo cambian tanto como lo hace el color de gobierno encargado de legislar.

Mi experiencia como terapeuta me hace especialmente sensible a esta dura realidad y particularmente consciente de que para reducir el número de muertes hay que ir más allá. No basta con detectar un maltrato cuando se ha producido una muerte o una paliza brutal. Hay que actuar antes.

Como sociedad es urgente comprender que para erradicar un problema hay que detectarlo y atajarlo desde su origen. Evidentemente, algo estamos haciendo mal. Seguimos trabajando en la desigualdad y de nada sirve enseñar a evitar los golpes, si estamos dejando que valores como la inferioridad del otro sigan siendo el imperativo de las relaciones.

 

Es así como tomo la decisión de dedicarme plenamente a estudiar y acompañar a quien sufre de esta actualidad social: la dependencia emocional.

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